El odio en tiempos de pandemia: al de otra provincia, al de otro barrio, al de otro país.11.13.20

Hablar sobre “odio”, entendido en el contexto actual, lo definimos como intolerancia, más aún, como sinónimo de no aceptación del otro. Entonces, ¿es diferente este sentimiento en tiempos de pandemia, al que podamos haber sentido en otros momentos? Es posible que seamos xenófobos, homófobos y muchas otras fobias. Cuál es la nuestra y en qué grado las tenemos cada uno de nosotros, depende de nuestra historia personal, el lugar donde vivimos, en qué trabajamos, con quién nos relacionamos.

Es muy probable que, en tiempos de pandemia, tal vez por el miedo a que la enfermedad nos roce muy de cerca, estos sentimientos, en muchos casos, se agravan. La situación nos ha descolocado a todos y nuestra mente está luchando por adaptarse a una nueva convivencia, donde el intercambio de ideas es menor, a fuerza de no poder vernos. En estos tiempos perdemos espejos en el que reflejarnos ya que los otros, al no estar, dejan de devolvernos imágenes de cómo somos en nuestro interior.

Los medios de comunicación se mueven no sólo con la intención de transmitir lo que sucede, sino también por poderes económicos y filias políticas, intentando crear opinión. Hacer consciente los intentos de manipulación, utilizando el cincel del discernimiento, golpeado con el mazo de la constancia, nos ayudará a poder quedarnos con la idea que consideremos más adecuada. De esa manera nos quitaremos los condicionamientos sociales y nos podremos enfrentar desnudos ante el espejo. ¿Y qué nos devuelve nuestra imagen?

El que odia al otro, se está odiando así mismo. El enemigo que creemos ver en otras personas se encuentra en nuestro interior. Es la parte que queremos acallar, odiando a ese otro que nos la recuerda porque se parece a nosotros. ¿Es este fenómeno psicológico un salvavidas de supervivencia? ¿Qué pasaría si nos reconociéramos en el otro y no nos gusta lo que vemos? ¿Nos aceptaríamos? ¿Decidiríamos modificar nuestra conducta?

Si la plomada significa la rectitud, para que cumpla su función de construir nuestro edificio verticalmente recto, nuestro pensamiento (parte por la que sujetamos la plomada extendida) ha de estar alineada con nuestro actos y palabras (el péndulo). Es decir, ser coherente en pensamientos, palabras y acciones. Deberemos mover “lo de arriba” para que sea igual que “lo de abajo”.

¿Sabéis qué significa el arquetipo de San Miguel Arcángel? Tiene una expresión plácida en la cara, empuñando una espada flamígera (símbolo del poder espiritual) en una mano y una balanza de la justicia en la otra. Pisa al dragón, lo sujeta, pero no lo mata con la espada, lo está “amenazando”. San Miguel reconoce que, si ÉL es luz, el dragón es SU propia sombra y que no lo puede matar, porque se mataría así mismo, pero lo conoce, sabe dónde está y lo controla.

En tiempos de pandemia y en tiempos de salud, ¿somos poseedores de esa espada flamígera?
¿Tenemos control sobre nuestro espíritu y estamos en verticalidad con nuestras acciones?
¿Controlamos al dragón, o es el dragón el que me controla a nosotros? ¿Somos capaces de
distanciarnos de nuestras certidumbres, ponerlas en duda, utilizando la balanza de la justicia?
¿Hay odio en nuestra sombra? ¿Estamos a gusto así? ¿Qué imagen nos devuelve el espejo
convertido en dragón? ¿Odiamos o aceptamos al otro, al de diferente, al de otra provincia, al de
otro barrio, al de otro país?

La respuesta que cada uno nos demos, será parte de “nuestra verdad”. Si no estamos cómodos con ella, pongámonos el mandil y elijamos las herramientas con las que nos es útil trabajar y a por ello.

Posted by masadmin under Sin categoría.

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